Análisis de la Retórica Política de Javier Milei y sus Conexiones Históricas
Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)
Apoyá el periodismo neutro
Con tu contribución podemos seguir alimentando a nuestros agentes para que los artículos sean cada vez más neutrales.
Hacé clic en el botón para abrir el CTA de contribución de Google y ayudarnos a mantener el sitio libre de sesgos.

Recientes análisis académicos y periodísticos han abordado el discurso del presidente argentino Javier Milei, caracterizándolo por su enfoque en la economía de mercado y la incorporación de elementos morales y religiosos. Este análisis propone puntos de conexión entre sus ideas y diversas corrientes de la derecha argentina, incluyendo la tradición liberal-conservadora y la nacionalista-reaccionaria.
Discurso Actual y Fundamentos Ideológicos
El discurso de Javier Milei, manifestado en diversas intervenciones públicas, como su alocución en la escuela ORT, se ha caracterizado por la integración de preceptos morales y religiosos para fundamentar su propuesta económica. Observadores del ámbito político han señalado que su retórica busca establecer una genealogía con el liberalismo fundacional argentino del siglo XIX, al tiempo que presenta elementos de un enfoque que busca una restitución de lo que él describe como el “rumbo de grandeza original” del país.
Algunos analistas, como Fernando Rosso, han indicado que el “pensamiento” de Milei puede ser relacionado con coordenadas ideológicas de derechas históricas y actuales en Argentina. Se ha observado una constante descripción de figuras como Marx en términos religiosos, y la conceptualización de una “batalla cultural” en clave de cruzada moral. Estos elementos, junto con un discurso que diversos comentaristas califican como mesiánico, han sido vinculados a características comunes de las corrientes de la “alt-right” contemporánea.
Pablo Stefanoni (2021) ha destacado, en relación con las corrientes de “alt-right”, una hibridación ideológica entre la defensa del libre mercado y un enfoque social y cultural que ha sido descrito como conservador. Según Stefanoni, estas derechas promueven programas con un marcado carácter en términos de derechos sociales y agenda cultural, que buscan justificar mediante discursos con componentes morales contra diversas ideologías y colectivos. La defensa del capitalismo de libre mercado, en este contexto, es formulada como un imperativo moral y un discurso con elementos mesiánicos, donde se delinean conceptos de bien y mal.
Casullo (2019) ha descrito un "ethos antipolítico y mesiánico" como característico de la enunciación populista de extrema derecha, una cuestión retomada por María Marta García Negroni y Mariano Zucchi al referirse a la identidad discursiva de Milei. Según estos autores, su figura se aparta de un perfil técnico para adoptar el de un “profeta” que, desde su perspectiva, porta una verdad superior. Las alusiones a conceptos religiosos para fundamentar ideas políticas o económicas son recurrentes en la retórica de Milei. En su intervención en la escuela ORT, expresó:
“El marxismo no es simplemente una teoría económica alternativa con errores técnicos corregibles. Es algo mucho más serio. Se autodeclara como una teoría satánica. Marx era satanista”.
Esta perspectiva se apoya en los planteamientos del pastor rumano Richard Wurmbrand, quien en su libro Marx and Satan (1976) enmarca el combate contra el marxismo como una contienda entre el bien y el mal. En contraste, Milei ha presentado al capitalismo y la libertad de mercado como resultados de un orden moral y de diseño de origen divino, declarando:
“El capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de la ley para que después de la caída el trabajo continuara. No lo inventó el hombre; el hombre lo descubrió al obedecer. Está inscrito en los diez mandamientos, en el orden moral que el Creador estableció antes que existiera cualquier Estado o cualquier mercado. No restaura la dotación divina que se perdió. No devuelve al hombre la capacidad infinita que tenía en el Edén. Pero es el único sistema que, en consonancia con la ley de Dios, permite que el hombre trabaje, innove, descubra tecnología y genere prosperidad dentro de sus condiciones actuales”.
Estas ideas fueron reiteradas en su discurso ante la Universidad de Bar-Ilan de Israel, donde leyó un manifiesto titulado “Capitalismo: la divina maquinaria del Paraíso”. En dicho manifiesto, afirmó:
“el capitalismo es una máquina divina para generar prosperidad y estar más cerca del Paraíso”; “lo que el marxismo hace es ocupar el lugar de Creador. Es el Estado como Dios sustituto. Es el intento más ambicioso y devastador de reemplazar el orden divino por el orden humano”; “hay que dejar de lado el relativismo moral. Hay cosas que están bien y hay cosas que están mal. Es decir, con determinadas culturas no vamos a poder convivir”.
Este enfoque, que busca presentar su programa económico como un imperativo de origen religioso, se enmarca en su adhesión a una rama del judaísmo ortodoxo jasídico, influenciada por el fallecido Rebe de Lubavitch. Esta visión sostiene que los Diez Mandamientos respaldan la propiedad privada y que el orden moral y religioso anteceden y fundamentan tanto al Estado como al mercado.
Tradiciones Históricas de la Derecha Argentina
En su libro Historia de las derechas en Argentina (2025), Ernesto Bohoslavsky y Sergio Morresi proponen la coexistencia de dos grandes familias ideológicas dentro de la tradición de la derecha nacional argentina. La primera es la familia liberal-conservadora, defensora del libre mercado en lo económico, y del elitismo y republicanismo en lo político, que históricamente ha representado intereses de sectores agroexportadores, financieros y empresariales. La segunda es la familia nacionalista-reaccionaria, caracterizada por su oposición a las ideas liberales e izquierdistas, al sistema democrático-liberal, al pluralismo y a los valores cosmopolitas, promoviendo en su lugar un orden jerárquico basado en valores cristianos y la hispanidad.
Bohoslavsky y Morresi señalan que, aunque estas familias rivalizaron, también mostraron una tendencia a fusionarse en períodos de conflicto social, citando como ejemplo la alianza entre sectores liberales y el nacionalismo en proyectos políticos históricos. El discurso de Milei, si bien se inscribe en la tradición liberal-conservadora, ha sido analizado por algunos autores como presentando puntos de conexión con la tradición nacionalista-reaccionaria de orientación antiliberal, católica y con elementos de un discurso apocalíptico. Esta última corriente, con exponentes en el nacionalismo católico de la década de 1930, que, según algunos análisis, presentaron una menor elaboración teórica, postulaba una regeneración religiosa y moral como condición para restaurar una percibida “grandeza argentina” que, desde su perspectiva, se había desviado de la herencia hispánica por influencias liberales. Los autores Nascimbene y Neuman (1993) han señalado que algunas figuras de este nacionalismo católico de los años 30 poseían una entidad social y cultural limitada y difundían su obra a través de publicaciones de escasa circulación o prestigio intelectual.
Narrativas Conspirativas y su Evolución
El nacionalismo reaccionario histórico incluyó sectores con inspiración antisemita, como los nucleados alrededor de la revista Clarinada, publicada entre 1937 y 1945 bajo la dirección de Carlos M. Silveyra, dirigente de la Comisión Popular Argentina contra el Comunismo (CPACC). Esta publicación, que recibió financiamiento de la embajada alemana y publicidad de empresas estatales como YPF, planteaba en su editorial fundacional un programa de oposición a diversas corrientes ideológicas, afirmando:
“Nuestros Propósitos: Programa de lucha sin cuartel contra ese ejército de alimañas, integrados por fuerzas aparentemente heterogéneas: materialismo, liberalismo, marxismo, comunismo, socialismo, anarquismo, ateísmo, masonería, etc., pero que están unidas en la misma finalidad: la destrucción de la civilización cristiana y que obedecen al mismo comando que las dirige desde las tinieblas: el judaísmo”.
Según López De La Torre (2027), la cultura política de Clarinada y publicaciones similares se articuló en torno a dos conceptos principales: la teoría de una conspiración judía mundial, que alegaba un gobierno judío secreto buscando dominación global a través del control de instituciones, y el “peligro del judeobolchevismo”, que describía el comunismo como un agente de destrucción del orden tradicional, propagado por judíos bolcheviques desde Europa oriental. Esta lógica, interpretada como conspirativa y que previamente se proyectó sobre el “complot judío-bolchevique”, ha sido identificada por algunos analistas como reapareciendo en el discurso actual del presidente Milei, aunque con una resignificación. En este contexto, en lugar de una demonización del judaísmo, se observa una narrativa que asocia el judaísmo con el sionismo y presenta a Israel como “el último bastión de Occidente”. En la inauguración del primer plenario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), el presidente expresó:
“Si Israel cae, luego vienen por todo Occidente”.
La tesis de Bohoslavsky y Morresi sugiere que el “experimento libertario” actual representa una confluencia de las dos familias de la derecha argentina, al combinar una ortodoxia de mercado de vertiente liberal-conservadora con un programa que los autores describen como “anti-woke”, antiglobalista y punitivista, más cercano a la tradición nacionalista-reaccionaria. De acuerdo con estos autores, un proyecto de esta naturaleza, si perdurara, podría generar una impronta que tiende a la concentración del poder y la limitación de libertades individuales.
