Análisis sobre los Efectos de las Políticas de Ajuste y la Reproducción Social en Jujuy
Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)
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En el contexto de la implementación de políticas de ajuste por parte de las administraciones de Milei y Sadir, se observa que las mujeres y las diversidades trabajadoras en Jujuy, Argentina, asumen una proporción significativa de las responsabilidades asociadas al sostenimiento de la vida cotidiana. Una investigación reciente, impulsada por la Juventud del PTS, Pan y Rosas e Independientes de la Facultad de Humanidades de la UNJu, busca analizar esta dinámica y sus implicaciones para la organización social.
Contexto Socioeconómico y Carga de la Reproducción Social en Jujuy
La situación actual ha puesto de manifiesto interrogantes sobre quién asume el mantenimiento de las funciones vitales de la sociedad cuando las instituciones estatales reducen su intervención o capacidad de acción. Esto ocurre en escenarios donde el poder adquisitivo de los salarios disminuye, los presupuestos públicos son recortados y los recursos destinados a servicios esenciales como educación y salud se ven mermados. Las tareas fundamentales para la continuidad social, como la enseñanza, la alimentación, el cuidado y el apoyo emocional, persisten y deben ser cubiertas.
En la provincia de Jujuy, esta dinámica se materializa en diversas esferas, abarcando desde las escuelas en la Quebrada y la Puna hasta los hospitales de la capital, las ferias de Perico, Palpalá o San Pedro, los barrios populares de Alto Comedero y los hogares donde la gestión económica del salario se ha convertido en una actividad diaria.
Recientemente, un evento climático en la provincia, caracterizado por fuertes vientos, evidenció esta realidad. Miles de familias experimentaron interrupciones en el suministro de energía eléctrica durante horas, y en algunos casos, por varios días. En los barrios populares, esta situación implicó la pérdida de alimentos y medicamentos, daños a electrodomésticos y la necesidad de reorganizar la rutina diaria para compensar la falta de un servicio esencial.
Si bien el viento fue el factor desencadenante, la magnitud del impacto puso de manifiesto la inversión insuficiente por parte de la empresa EJESA y la responsabilidad de la administración provincial, que ha autorizado incrementos tarifarios en el sector energético. Las consecuencias de estas deficiencias se distribuyeron de manera desproporcionada entre las mujeres y las diversidades trabajadoras. Este fenómeno se atribuye a cómo la organización social actual asigna a estas poblaciones una parte significativa de las tareas necesarias para el funcionamiento diario de la sociedad.
En situaciones de ajuste económico por parte de las administraciones, la carga de estas responsabilidades tiende a incrementarse. Cuando un servicio como el suministro eléctrico se interrumpe, las necesidades básicas de alimentación, cuidado, estudio, trabajo o conservación de medicamentos no desaparecen. Estas tareas se trasladan al ámbito doméstico y requieren una mayor dedicación de tiempo, esfuerzo y recursos, que en muchas familias ya son limitados. Los servicios que no son garantizados por el Estado o las empresas deben ser suplidos por otros medios.
Manifestaciones de la Carga de la Reproducción Social
El corte de energía eléctrica no ha sido un incidente aislado en Jujuy. Informes recientes han reiterado una situación conocida por las trabajadoras de la provincia desde hace años. Jujuy presenta un déficit habitacional significativo a nivel nacional. Las mujeres, a pesar de alcanzar niveles educativos superiores a los varones, continúan percibiendo ingresos económicos inferiores. Se observa un aumento en la precarización laboral, con el pluriempleo convirtiéndose en una necesidad para un número creciente de familias, y un aumento de personas que recurren a ferias o trabajos informales como estrategia para complementar sus ingresos.
De forma paralela, los sistemas de educación y salud pública operan bajo una presión creciente. El personal docente mantiene la actividad escolar en entornos afectados por la situación socioeconómica. Las trabajadoras de la salud procuran responder a una demanda en aumento con recursos limitados. El agotamiento, el síndrome de burnout, las licencias por motivos de salud mental y el consumo de psicofármacos se registran con mayor frecuencia como respuestas individuales a problemáticas de carácter social.
La información sobre estas condiciones a menudo se presenta de manera fragmentada: un informe sobre salarios docentes, otro sobre déficit habitacional, otro sobre desigualdades de género, otro sobre empleo, y otro sobre el aumento de consultas por salud mental. Si bien pueden parecer problemas distintos, desde ciertas perspectivas analíticas, se entienden como manifestaciones interconectadas de una situación más amplia: la creciente dificultad de la población trabajadora para sostener la reproducción cotidiana de la vida, es decir, para cubrir sus necesidades básicas y económicas.
Desde la perspectiva del feminismo socialista, esta realidad se denomina crisis de la reproducción social. Este concepto no se limita a una disminución de los salarios o al deterioro de los servicios públicos, sino que abarca una afectación de las condiciones materiales necesarias para el mantenimiento diario de la vida. Cuando el Estado no garantiza un derecho, la responsabilidad de suplirlo se traslada: se reorganizan horarios para el cuidado de personas mayores, se ajustan presupuestos salariales insuficientes, se brinda apoyo a trayectorias escolares complejas o se contiene el sufrimiento que las instituciones no logran abordar.
Las situaciones de dificultad no impactan a todos los individuos de la misma manera, dado que la organización social también distribuye de forma diferenciada el trabajo necesario para el sostenimiento de la vida. Se observa una correlación entre la asignación de una parte sustancial del trabajo reproductivo a las mujeres y su posición desde la cual los efectos de estas situaciones se vuelven tempranamente visibles. Son ellas quienes observan el deterioro en las instituciones educativas y luego lo reencuentran en sus hogares; quienes constatan la insuficiencia alimentaria en el aula y gestionan salarios limitados; quienes sostienen sistemas de salud con escasos recursos y, posteriormente, cuidan a familiares que enfrentan dificultades para acceder a atención médica; quienes experimentan una disminución en las ventas en ferias y regresan a hogares con menos recursos disponibles.
Esta posición de observación temprana no implica una predisposición inherente, sino que se relaciona con el lugar que la estructura social asigna a estas personas, donde las implicaciones de estas condiciones se hacen más evidentes.
Participación Social y Perspectivas de Organización Colectiva
El sector docente ocupa un rol específico dentro de este entramado, no solo por ser uno de los más feminizados en la provincia y el país, sino también porque la institución escolar cumple una función relevante en la reproducción social. Además de la enseñanza, la escuela funciona como espacio de observación y anticipación de problemáticas sociales, como la alimentación, el endeudamiento, el abandono escolar, el agotamiento familiar y el deterioro de las condiciones de vida.
Antes de que un informe oficial registre un aumento de la pobreza, el personal docente puede observar que un estudiante no ha desayunado. Antes de la publicación de un índice sobre desigualdad, puede tomar conocimiento de familias que deben cambiar de vivienda por motivos económicos. Antes de que se difundan datos sobre salud mental, puede acompañar a estudiantes que experimentan dificultades emocionales. La escuela, aunque no genera las condiciones de dificultad, es uno de los primeros entornos donde estas se manifiestan de manera concreta, afectando a individuos con nombres y trayectorias específicas.
El personal docente no observa estas condiciones desde una posición externa, sino que las experimenta en su ámbito laboral y las reencuentra en su vida personal, donde también debe gestionar gastos, proveer cuidados, apoyar a la familia y administrar un salario que se considera insuficiente. Históricamente, se ha debatido sobre la clasificación de la docencia como un sector separado del resto de la población trabajadora, a menudo asociada a la clase media o a una vocación. Sin embargo, su experiencia cotidiana, que incluye la dependencia salarial y la confrontación con políticas de ajuste, presenta similitudes con la de otros sectores trabajadores afectados por la desigualdad social.
Esta vivencia dual de las condiciones de dificultad es compartida. Las docentes las observan en sus estudiantes y en la gestión de sus propios recursos económicos. El personal de enfermería las encuentra en hospitales con financiamiento limitado y luego en sus propias familias, ante la escasez de turnos, medicamentos o cuidadores. Las vendedoras en ferias las perciben en la disminución de sus ventas y en las decisiones de compra para sus hogares. Esta observación temprana no se atribuye a una sensibilidad inherente, sino a la posición social asignada a estas mujeres y diversidades, donde el mantenimiento de la vida cotidiana requiere esfuerzos significativos.
Se ha observado que las mujeres y diversidades de la población trabajadora se encuentran entre quienes primero identifican las situaciones de dificultad social. Esta observación podría relacionarse con su participación en movilizaciones sociales históricas en la provincia de Jujuy.
Implicaciones en la Salud Mental y Propuestas de Investigación
El aumento en los registros de agotamiento extremo, ansiedad, burnout y consumo de psicofármacos es una tendencia recurrente, junto con el incremento de la violencia de género. Se plantea que estos fenómenos no deben ser interpretados únicamente como problemas individuales. Se argumenta que las estrategias de gestión emocional no siempre son suficientes para compensar la insuficiencia de los salarios, que las técnicas de relajación no sustituyen la necesidad de políticas públicas de cuidado, y que la resiliencia individual no reemplaza la provisión de servicios esenciales como hospitales, jardines maternales, escuelas, vivienda digna o condiciones laborales con derechos.
El sufrimiento, desde esta perspectiva, tiene condiciones materiales. El crecimiento de fenómenos como el burnout, la violencia, las licencias por salud mental o el consumo de psicofármacos no solo indican una situación en el ámbito de la salud, sino que también reflejan una estructura social que demanda un mayor volumen de trabajo reproductivo con menos tiempo, recursos y derechos. Cuando las políticas de ajuste modifican la manera en que se sostiene la vida, también reorganizan la forma en que se experimenta el sufrimiento, afectando de manera diferencial a quienes asumen una parte desproporcionada del trabajo reproductivo.
Si las mujeres y las diversidades ocupan una posición desde la cual se observan tempranamente los efectos sobre las condiciones de vida, entonces esa experiencia cotidiana se considera una fuente de información. Si bien la experiencia por sí sola no se considera suficiente para transformar la realidad, se plantea que puede ser el punto de partida para analizar las conexiones entre problemas individuales y sus causas sociales, así como la necesidad de respuestas conjuntas.
En este marco, la investigación promovida por la Juventud del PTS, Pan y Rosas e Independientes de la Facultad de Humanidades de la UNJu se fundamenta en la convicción de que la experiencia cotidiana de quienes sostienen la reproducción de la vida también genera conocimiento. Su enfoque no implica estudiar a las trabajadoras de la educación, la salud, a las feriantes o a las mujeres de las comunidades originarias desde una distancia académica, sino investigar en colaboración con ellas.
Significa construir, junto a ellas, una comprensión colectiva de una realidad que ninguna estadística puede explicar por sí sola.
Este proyecto busca generar un conocimiento que emane de la experiencia organizada y que, a su vez, retorne a ella en forma de herramientas para la acción. Por lo tanto, no se limita a la recopilación de datos, sino que aspira a crear un espacio donde las experiencias de docentes, trabajadoras de la salud, feriantes, estudiantes, investigadoras y otras mujeres y diversidades trabajadoras puedan contribuir a analizar y organizar futuras movilizaciones.
Se argumenta que quienes sostienen cotidianamente la reproducción de la vida también poseen un conocimiento relevante sobre el funcionamiento de la sociedad. Escuchar estas experiencias, compartirlas, analizarlas colectivamente y transformarlas en acción organizada, se presenta como parte de una estrategia política. El fortalecimiento de comités, la preparación para eventos como el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, la promoción de esfuerzos por el control de ADEP por parte de sus trabajadoras y trabajadores, y el fomento de la coordinación entre los distintos sectores afectados por las políticas de ajuste, se inscriben en esta perspectiva.
Se propone que no se trata de sumar luchas aisladas o de yuxtaponer las demandas de docentes, trabajadoras de la salud, feriantes, estudiantes o mujeres de las comunidades originarias. Sus experiencias se interpretan como distintas manifestaciones de una misma situación y diversas potencialidades de una misma fuerza social. Frente a las acciones de las administraciones de Milei y Sadir, y ante una oposición que, según se observa, en ocasiones permite el avance de políticas de ajuste o acompaña legislaciones que son consideradas perjudiciales para la población trabajadora, el objetivo es establecer mecanismos de coordinación que agrupen a aquellos sectores que, se argumenta, las entidades empleadoras, las administraciones y las dirigencias sindicales mantienen fragmentados.
Perspectivas sobre la Acción Colectiva
Se plantea que las movilizaciones sociales suelen gestarse antes de su manifestación pública. Este proceso comienza, se sugiere, cuando experiencias percibidas como individuales se reconocen como parte de una realidad compartida. Se considera que la población que sostiene la vida cotidiana tiene la capacidad de reconocer una fuerza colectiva para modificar su situación.
En relación con la pregunta inicial de quién sostiene la vida, la información analizada indica que las mujeres y las diversidades trabajadoras asumen en gran medida la reproducción cotidiana de la vida. La pregunta que surge a continuación es cómo esa experiencia acumulada podría transformarse en una fuerza capaz de reorganizar la sociedad.
Se sostiene que la defensa de las condiciones de vida no debería implicar enfrentar de manera individual las consecuencias de las políticas de ajuste. Desde esta perspectiva, defender la vida implica buscar una sociedad donde el cuidado, la enseñanza, la alimentación, la sanación y el acompañamiento dejen de ser responsabilidades privatizadas y se conviertan en tareas colectivas. Se propone una organización social donde la reproducción social no priorice la obtención de beneficios económicos para unos pocos, sino que se oriente a la satisfacción de las necesidades humanas.
Esta es una de las observaciones que se derivan de la historia reciente de Jujuy. Las mujeres trabajadoras, se argumenta, no eligieron asumir de forma desproporcionada la responsabilidad del sostenimiento de la vida, sino que esta asignación se debe a la organización social. Sin embargo, esa misma experiencia les ha permitido identificar las situaciones en las que las condiciones de vida se tornaban insostenibles, y también participar en movilizaciones significativas en la provincia. Se concluye que comprender la realidad, en este contexto, es una forma de iniciar un proceso de cambio social colectivo.
