Análisis de la Superficie Afectada por Incendios Forestales en España en 2026 y sus Factores Climáticos
Fuente original: elDiario.es - elDiario.es (extraído automáticamente vía RSS)
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Durante el año 2026, España ha registrado un incremento significativo en la superficie forestal afectada por incendios, alcanzando un total de 61.000 hectáreas quemadas hasta el 10 de julio. Estos eventos han derivado en el fallecimiento de 12 personas y la evacuación de miles, especialmente en la provincia de Almería, donde 23 individuos permanecen sin localizar en el municipio de Los Gallardos. La situación se desarrolla en un contexto de temperaturas persistentemente elevadas y una prolongada sequedad en la península ibérica.
Panorama General y Datos Cuantitativos de la Temporada de Incendios
El territorio español ha experimentado una sucesión de incendios forestales desde principios de mayo de 2026. Según el Sistema Europeo de Información Sobre Incendios Forestales (Effis), que analiza imágenes satelitales, la superficie afectada por el fuego se ha incrementado de 27.000 hectáreas a principios de mayo a 61.000 hectáreas hasta el pasado viernes. Este aumento representa un incremento de 34.000 hectáreas consumidas en un período de 70 días, con una significativa contribución de las temperaturas elevadas.
La superficie quemada en lo que va de 2026 supera el doble del promedio registrado en las últimas dos décadas, que se sitúa en 25.000 hectáreas para la misma fecha. Históricamente, solo los años 2012, 2022 y 2023 habían presentado una mayor extensión de bosques y montes afectados por el fuego para el 10 de julio.
Las consecuencias humanas de estos eventos incluyen el fallecimiento de 12 personas en Los Gallardos, Almería, durante el pasado jueves, junto con la desaparición de 23 personas en poblaciones dispersas de la misma provincia. Adicionalmente, miles de individuos han sido evacuados, con aproximadamente un millar de ellos solo en Los Gallardos.
Los registros provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica indican una variación en la tendencia. Mientras que a comienzos de mayo la superficie afectada por las llamas se encontraba un 30% por debajo de la media decenal para esa fecha, al 28 de junio —el último dato publicado— ya superaba ese promedio en un 18%, con 43.000 hectáreas afectadas frente a una media de 36.000 hectáreas.
Condiciones Climáticas y Factores Contribuyentes a la Propagación
Un análisis de las precondiciones para los incendios forestales realizado por el Instituto de Ciencia Climática y Atmosférica de Zúrich, que examinó las temporadas de fuego entre 2000 y 2023, explica que en la región mediterránea, los periodos con precipitaciones abundantes pueden fomentar una producción de biomasa superior a la media. Posteriormente, la ocurrencia de periodos secos y cálidos incrementa la cantidad de combustible disponible, lo que puede resultar en incendios de mayor intensidad.
Este fenómeno se traduce en que, tras un crecimiento significativo de la vegetación debido a las lluvias, un periodo de calor sostenido reduce su contenido de humedad, creando un entorno propicio para fuegos de alta intensidad y rápida propagación.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha implementado en 2026 un nuevo índice de peligro de incendio que incorpora, además de las variables meteorológicas, información sobre el estado de la vegetación y el nivel de humedad del suelo, buscando una evaluación más integral del riesgo.
El contexto meteorológico del año 2026 en España comenzó con un invierno calificado por la Aemet como “muy húmedo en su conjunto” en cuanto a precipitaciones, registrando un volumen de lluvia un 140% superior a la media. Sin embargo, este patrón cambió posteriormente. La primavera meteorológica (marzo, abril y mayo) se caracterizó por ser muy cálida, situándose como la segunda más cálida desde que existen registros. Durante este periodo, se observó un episodio de temperaturas “inusualmente altas”, con valores típicos del verano. La escasez de precipitaciones también fue notable, con un 25% menos de lluvia respecto al promedio.
La situación se acentuó en junio, un mes descrito como “extremadamente cálido” por la Aemet, siendo el segundo junio más caluroso en los registros históricos y superando en 3,2°C la temperatura normal. Las precipitaciones fueron escasas, alcanzando solo el 39% de lo habitual para el mes. El 21 de junio se registró la primera ola de calor del año 2026.
Las condiciones meteorológicas y el estado de la vegetación crean un entorno más susceptible a la intensificación de los incendios una vez que se inician. En el caso del incendio de Almería, la hipótesis actual sugiere que el fuego pudo haberse originado por la caída de un poste eléctrico, lo que habría actuado como un ignitor en un monte seco bajo altas temperaturas.
A estos factores se añade la expansión de la interfaz urbano-forestal, que implica una mayor integración de viviendas en entornos naturales, incrementando la vulnerabilidad de las áreas habitadas ante la propagación del fuego.
Perspectivas de Expertos y Estrategias de Mitigación
“Nos hemos acostumbrado a hablar de récords de temperatura, de olas de calor y de incendios extremos, pero esto es una crisis en la que el cambio climático es una clave fundamental”, reflexiona la responsable de incendios en Greenpeace, Mónica Parrilla. Tras el siniestro en Almería, esta ingeniera forestal añade que “los fuegos han evolucionado de un problema ambiental y social a un problema de protección civil”.
Expertos en la materia enfatizan la multicausalidad de los incendios. La catedrática y experta en ordenación del territorio Cristina Montiel subraya que “en los incendios forestales hay un componente humano que es tan importante como lo meteorológico y el combustible”. La investigadora añade que “estamos en un momento complejo, porque el riesgo depende hoy aún más de la preparación, no solo del sistema de defensa, también de la sociedad”.
“Es urgente avanzar en autoprotección para que los municipios sean zonas seguras. Y, a corto plazo, invertir en prevención social, es decir, que la población sepa cómo actuar en caso de incendio”, indica Lourdes Hernández, experta en incendios de WWF.
Mónica Parrilla, de Greenpeace, sugiere que para abordar los impactos humanos, ambientales, sociales y económicos de estos eventos, es necesario “reducir la siniestralidad, es decir, los incendios provocados por accidentes o negligencias, además de rebajar la vulnerabilidad del territorio por el que avanzan las llamas”. Adicionalmente, señala la importancia de “la planificación urbanística que tenga en cuenta el riesgo de incendio durante los últimos años”.
