Fallecimiento de Lilia Lardone, destacada escritora y promotora de la lectura
Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)
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El 31 de agosto, a la edad de 84 años, se informó el fallecimiento de la escritora cordobesa Lilia Lardone. Lardone, quien ejerció como maestra y Licenciada en Letras, fue reconocida por su labor en la formación de múltiples generaciones de escritores en la provincia de Córdoba. También se destacó como promotora de la lectura entre infantes y adolescentes. Su novela, Esa Chica, fue objeto de una reedición en abril, a cargo de Editorial Bardos, dos décadas después de su publicación inicial.
En el evento de presentación de la reedición de Esa Chica, organizado por Javier Quintá y su editorial, participaron también Eugenia Almeida y la autora del texto original, quienes compartieron sus lecturas de la obra. El acto fue una conmemoración de la literatura, la amistad y las conversaciones sobre los desafíos sociales. En dicha ocasión, Lardone expresó que sentía la necesidad de “homenajear a las mujeres que se habían animado a moverse, a hacer algo para cambiar”. Manifestó un reconocimiento hacia su propia generación, que, según su perspectiva, había actuado para cuestionar el status quo establecido.
La relación con Lilia Lardone se inició a través de su obra literaria. Posteriormente, alrededor del año 2018, se estableció un contacto personal al compartir un grupo de comunicación con otras escritoras, artistas y figuras de la cultura cordobesa. Teresa Andruetto y Eugenia Almeida coordinaron la creación de este grupo con el propósito de organizar acciones en el marco del debate sobre el derecho al aborto, durante la administración de Macri. Desde entonces, el grupo ha sido un espacio para el intercambio de información sobre diversas temáticas, incluyendo pronunciamientos y peticiones. Esta conexión facilitó la invitación a participar en la presentación de la reedición de Esa Chica.
Durante aquella instancia, Lardone solicitó los apuntes de la presentación con la intención de compartirlos con su círculo. La promesa de transformar esos apuntes en una reseña para difundir Esa Chica quedó pendiente debido a compromisos laborales. Estos apuntes se comparten ahora con el objetivo de recordar la figura de Lardone y conmemorar su contribución a la literatura. Se extiende una recomendación a los lectores de La izquierda diario para que exploren directamente la obra de Lilia Lardone.
La obra de Lilia Lardone y el contexto de Esa Chica
Lilia Lardone, junto a Teresa Andruetto, ha sido identificada como una escritora cuyas obras ofrecieron perspectivas sobre aspectos previamente menos explorados, al abordar "los pliegues del silencio, de las elipsis, de las verdades a medias". En una entrevista reciente, Lardone mencionó su interés en cuestionar los constructos sociales, y sus obras, según su planificación, incitan a analizar las implicaciones de los prejuicios y las formas de nombrar la realidad.
La novela Esa Chica fue publicada por primera vez en 2006, de manera similar a La mujer en cuestión de Teresa Andruetto en 2002. Para un sector de estudiantes de Letras de la época, estas novelas permitieron abordar aspectos menos visibilizados de la experiencia femenina y narrativas no comúnmente difundidas. Se observa que estas obras abordaron la vida de mujeres en el interior de Córdoba y aspectos del pasado reciente, incluyendo el período de la Dictadura, que no siempre habían sido tratados en la narrativa.
Lardone es parte de una generación de escritoras cordobesas que abordaron temáticas poco representadas. Las novelas, a través de títulos de apariencia genérica como “Esa chica” o “La mujer”, exploraron un contexto que ofrecía puntos de identificación, dando "nombres ficcionales a las mujeres reales" que cuestionaron mandatos y no se conformaron con ciertas normas sociales de la Córdoba de la época. La narrativa describe la Córdoba que presenció el Cordobazo, un movimiento que cuestionó el poder económico local y extranjero, y que vio emerger sindicatos que manifestaron una posición crítica hacia la burocracia sindical. También se hace referencia a mujeres que se atrevieron a desafiar las normas, incluyendo fugas históricas de la cárcel de mujeres del Buen Pastor, incluso bajo el régimen dictatorial.
La narrativa de Lardone en Esa Chica describe, tanto en su edición original como en la actual, temáticas que no eran universalmente discutidas a principios de la década de 2000, incluso en relación con la Dictadura. La novela alude a los sectores que ejercieron presión sobre las instituciones militares, señalando no solo a las élites tradicionales, sino también a nuevos empresarios provenientes de la misma clase: terratenientes, banqueros y comerciantes. Estos sectores, con la participación de la Iglesia y la Justicia, abordaron la vida de "esas chicas" que, en las décadas de los 60 y 70, caracterizadas por cambios sociales, intuían "otros modos de ser", según la voz narradora.
Veinte años después de su primera edición, la relevancia de Esa Chica para las nuevas generaciones se contextualiza en la evolución de los movimientos sociales. Han transcurrido diez años desde la primera movilización "Ni una Menos", un movimiento que, según el análisis de la autora del texto original, encontró antecedentes en la literatura de escritoras como Lilia Lardone, Teresa Andruetto y Tununa Mercado. Esta perspectiva es relevante en un contexto contemporáneo donde ciertas corrientes políticas buscan reconfigurar la percepción del rol femenino. Tales narrativas contemporáneas son interpretadas como una reacción a las construcciones discursivas de escritoras, activistas y militantes que contribuyeron a la "cuarta oleada feminista" y a la lucha por los derechos de la diversidad sexual. Lardone, junto a otras escritoras como Andruetto, Mercado, Rivera y Gagliano, fueron señaladas por docentes como figuras que evidenciaron tensiones sociales y la conexión entre la violencia machista y la violencia de Estado. En este marco, Esa Chica es percibida como una obra que aborda las implicaciones de la opresión y el rol tradicional de la mujer como una forma de violencia.
Temas narrativos y contexto histórico en la novela
Mientras se abordaba la lectura de Esa Chica, se estableció una conexión con las acciones del Comando Moralizador Pío XII, que operó en Mendoza entre 1974 y 1976. Este grupo, junto con el Comando Anticomunista de Mendoza, funcionaron como organizaciones paraestatales, con nexos con la Triple A, tras el Mendozazo de 1972. Estos grupos estuvieron implicados en secuestros, torturas, violaciones y asesinatos, con blancos específicos. El Comando Anticomunista mendocino actuaba contra la militancia política, sindical y social. Por su parte, el Comando Moralizador Pío XII, según su propia definición:
buscaba defender a la población de la “infiltración marxista y proteger la moral cristiana”
Sus acciones estaban dirigidas particularmente hacia mujeres en situación de prostitución, como se describe en el texto de Laura Rodríguez Agüero, compilación Militancias, minifaldas y revoluciones.
La protagonista de Esa Chica, en su búsqueda de libertad y exploración de sus deseos, se inscribe en una generación que anhelaba indagar y modificar lo establecido, buscando transformar las percepciones sociales sobre las mujeres. Estas mujeres eran objeto de las mismas formas de disciplinamiento aplicadas por el Comando Moralizador. Por ello, los ataques se dirigían a expresiones del deseo y la sexualidad no tradicionales (no matrimoniales, no monogámicas ni heterosexuales). El ataque contra las detenidas-desaparecidas, manifestado en violaciones, torturas y humillaciones, no solo buscaba un disciplinamiento político de los cuerpos. Aquellas que se desviaban del estereotipo y no respetaban los roles femeninos promovidos por el patriarcado enfrentaron una particular severidad. Se buscaba confinar a las mujeres al espacio íntimo y doméstico, a la reproducción y las tareas de cuidado; se las presentaba como gobernadas por emociones y sensibilidad, dependientes emocional y económicamente de los varones, y subordinadas jerárquicamente a toda autoridad. La novela sugiere que "esa chica" no podía permitirse desviarse de los mandatos sociales.
La presentación actual de Esa Chica se realizó en el Museo Genaro Pérez. Este museo, ubicado en la manzana fundacional de la ciudad y que en el pasado fue un palacete central de la vida política y social, acoge la novela de Lardone para abordar aquello que "esa chica calla", lo que "guarda como secreto" y que se revela a través de fragmentos a lo largo de los 18 días en que transcurre la narración. La estructura de la novela es descrita como un "diario mental", con un discurso fragmentario, a veces sin signos de puntuación ni mayúsculas, que "apenas si corre un poco el velo para que conozcamos la lucidez de sus 'delirios de moribunda'". Se concluye que "aún la memoria", a 50 años de la última dictadura y a 20 años de la publicación de la novela, "sigue diciendo".
La figura de Nilda en Esa Chica y sus desafíos
Esa Chica narra la historia de una joven del interior, nacida en 1952 (fecha que su madre menciona orgullosamente como el día de la muerte de Evita), quien en los años de transformaciones sociales de las décadas de 1960 y 1970 busca alcanzar la libertad. La autora emplea el lenguaje para explorar sus significados latentes, jugando con la dualidad de "libre como liebre", una metáfora de movimiento ágil. La protagonista, Nilda, expresa el deseo de libertad, afirmando:
andar sin ataduras ni límites: eso quiero
incluso desde el presente narrativo de su agonía.
Con este objetivo, una Nilda adolescente decide estudiar inglés y, con el apoyo de su profesora Ruth, convence a su padre para ir a estudiar el profesorado de inglés a la ciudad. Su intención es escapar del destino de ser maestra rural; el ardid de ser profesora se convierte en una vía para estudiar en la ciudad, vivir en una pensión y conocer a otras jóvenes "del interior" que también buscan "ideas nuevas" y "otros modos de ser".
Sin embargo, Nilda se enamora y contrae matrimonio con Martín Olmos Dupré, miembro de una familia tradicional de la provincia. La novela utiliza un apellido que evoca a figuras históricas como los hermanos Ambrosio y Miguel Olmos y Cabanillas, cuya descendencia, asociada a la Campaña del Desierto y a roles como terratenientes, gobernadores e intendentes de facto, ha dejado una marca en la historia regional a través de acciones que han sido objeto de interpretaciones críticas sobre clasismo y género. La narrativa establece conexiones entre estos elementos históricos, las dictaduras y los genocidios, vinculando el genocidio de los pueblos originarios con las dictaduras de Aramburu y la Revolución Libertadora, así como con la última Dictadura Cívico-Militar. La novela se sitúa en este período.
Nilda tiene 22 años cuando, aislada por la política de Carmen, la matriarca familiar, comienza a percibir su creciente aislamiento dentro de la familia política. A punto de casarse con Martín, recibe noticias de un "afuera" que se vuelve cada vez más distante: amigas desaparecidas o cuyos cuerpos fueron encontrados con signos de violencia, y cuya presencia es considerada "mala influencia" por su futuro esposo. Nilda mantiene sus "dolores secretos", lo único de lo que "es dueña", incluso en la intimidad. La novela explora el concepto de "dueña" en relación con la libertad, la vida y los deseos de Nilda, en contraste con Carmen, quien ejerce un control sobre la casa, la vida familiar y aspectos políticos. La autora establece un paralelismo entre el rol de Carmen y el de ciertos sectores empresariales que, según la perspectiva de la novela, influyeron en eventos históricos.
La voz de la narración, transmitida por el recuerdo de la protagonista, describe el desprecio manifestado en gestos de Carmen y Martín cuando Nilda expresa su deseo de estudiar, habla de sus amigas o busca apoyo. Es el desprecio que se percibe en "el revés de las sonrisas" de su entorno, marcando una distancia social infranqueable que le impide pertenecer. La madre de Nilda le advierte que Martín no es para ella, aludiendo a su condición de "pituco". Para la clase de Martín, Nilda es "solo un cuerpo", que, incluso en su lecho de muerte, es despreciado como un "costo".
El cuerpo de Nilda es "despreciado" hasta el punto de la "inexistencia", la "desaparición". La novela de Lardone establece un paralelismo entre las palabras "libre" y "liebre" y la conexión entre "despreciado" y "desaparecido", sugiriendo cómo estas nociones recaen sobre el cuerpo femenino y el cuerpo social, asociados a la clase trabajadora y los sectores populares. Se interpreta que el cuerpo es un campo de lucha política, buscando su interés bajo distintas consignas. El cuerpo de Nilda es retratado como sometido, silenciado, y bajo el control de sectores empresariales, de las élites tradicionales, del papel de los medios, de la justicia y de la Iglesia católica, todos ellos interconectados.
Esa Chica, la novela de Lilia Lardone, recupera, por contraste, las voces de "todas esas chicas" que exploraron modos de vida alternativos. Aunque algunas de ellas enfrentaron consecuencias significativas por sus acciones, otras, a su manera, "siguen haciendo, aún, memoria".
