Mário Pedrosa y el Desarrollo del Trotskismo en Brasil: Un Análisis Histórico
Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)
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Mário Pedrosa, nacido en 1900 en Pernambuco, Brasil, se consolidó como una figura en la historia política e intelectual del país, particularmente en el contexto de los orígenes del trotskismo brasileño. Su trayectoria abarcó la militancia comunista inicial, la adhesión a la Oposición de Izquierda en Europa en la década de 1920, la fundación de grupos trotskistas en Brasil a partir de 1929, y la participación en la formación de la Cuarta Internacional, antes de un posterior distanciamiento de esta corriente y su retorno a Brasil en 1977. Este informe reconstruye elementos de su trayectoria militante, en el marco del aniversario del fallecimiento de León Trotsky.

Mário Pedrosa nació el 25 de abril de 1900 en Timbaúba, Pernambuco, en el seno de una élite local. Entre 1913 y 1916, realizó estudios en Europa. Su regreso a Brasil, precipitado por la Primera Guerra Mundial, se vinculó a un cambio en su orientación vital. En 1920, durante sus estudios en la Facultad de Derecho de Río de Janeiro, se aproximó al marxismo e inició una relación intelectual y política con Lívio Xavier.
En 1925, Pedrosa inició colaboraciones con el periódico A Classe Operária y estableció contacto con Otávio Brandão, lo que condujo a su afiliación al Partido Comunista de Brasil al año siguiente. En marzo de 1927, fue asignado a la sección del Socorro Vermelho, una red de apoyo a presos políticos establecida por la Internacional Comunista en 1922, durante un período de ilegalidad partidaria bajo la presidencia de Washington Luís, en el contexto de un régimen dominado por oligarquías cafetaleras y ganaderas.
Paralelamente, Pedrosa trabajó como periodista en el Diário da Noite, donde editó las secciones internacional y de crítica literaria. En 1927, el PCB lo designó para la Escuela Leninista de formación de cuadros de la Tercera Internacional. Razones de salud lo obligaron a permanecer en Berlín por dos años, donde interactuó con círculos universitarios y movimientos de vanguardia europeos. Durante este período, conoció a figuras como André Breton, Paul Éluard, Louis Aragon y Joan Miró, y participó en la militancia contra el avance del fascismo en Europa. Fue en Berlín donde Pedrosa revisó su enfoque militante, en coincidencia con una intensificación de la crisis interna en el Partido Comunista de la Unión Soviética en 1927.
Estos desarrollos, que incluyeron la política de la Internacional Comunista (IC) respecto al Comité Anglo-ruso y la subordinación al Kuomintang, eventos asociados a la revolución china (1925-1927), generaron críticas. El mismo año, León Trotsky fue expulsado del partido y posteriormente desterrado a Alma Ata. Pedrosa estableció contacto con opositores alemanes y modificó sus planes de viaje a Rusia. En una carta a Lívio Xavier en diciembre de 1927, Pedrosa señaló:
Ahora, aquí entre nosotros. Me desanimé del todo de ir, hoy mismo que te escribo. ¡El Congreso Bolchevique de toda Rusia expulsó a Trotsky y a la oposición del partido! Así terminó la Oposición [...] cuando vi en L'Humanité la resolución publicada ayer –no fue una sorpresa, al contrario– fue como una desgracia que ya se estaba esperando. [...] los grandes problemas que estaban en el aire no fueron resueltos, sino suprimidos.
A partir de 1928, con el conflicto entre Stalin y Bujarin, la IC adoptó la política de “clase contra clase”. Pedrosa, en una carta desde Berlín en mayo de 1928, cuestionaba:
¿Cómo podemos, en nuestra posición de intelectuales del partido en Brasil, continuar sin intentar por nuestra parte definir la situación brasileña, sudamericana? ¿Qué diablo de militantes somos nosotros?
Pedrosa se unió a la oposición de izquierda, adoptando las tesis de la “revolución permanente” en contraposición a la doctrina del “socialismo en un solo país” promovida por el liderazgo de la URSS.
Un año después de su retorno a Brasil, Pedrosa se dedicó a organizar una facción disidente dentro del PCB. El Tercer Congreso del PCB, entre 1928 y 1929, fue escenario de debates, incluyendo las críticas de Rodolpho Coutinho a la alianza comunista con el movimiento tenentista. La dirección oficial del partido defendía tesis que planteaban una etapa democrático-burguesa para la revolución brasileña, la cual implicaba una alianza entre el proletariado, el campesinado y la burguesía nacional contra el imperialismo y los grandes propietarios.
Consolidación del Trotskismo en Brasil
A finales de 1929, Mário Pedrosa y Xavier fundaron el Grupo Comunista Lênin (GCL), cuya actividad en Río de Janeiro en 1930 se complementó con el lanzamiento de su publicación, el periódico A Luta de Classe. El Grupo colaboró con un sector sindical originado en el PCB, incluyendo a João da Costa Pimenta y Joaquim Barbosa, e incorporó a figuras como Hilcar Leite y Arístides Lobo, este último un orador y organizador de la Juventud Comunista en San Pablo.
La colaboración intelectual entre Pedrosa y Lívio Xavier resultó en el Esboço de uma análise da situação econômica e social do Brasil, un texto que ha sido identificado como la base teórica de la Oposición de Izquierda en el país. Sus tesis centrales fueron publicadas al año siguiente por las secciones francesa y brasileña de la Oposición de Izquierda Internacional. El texto proponía un análisis de la formación social brasileña, señalando que:
La burguesía brasileña -escribirían los dos amigos- nació en el campo, no en la ciudad. La producción agrícola colonial fue destinada desde el principio a los mercados externos.
El golpe de 1930 fue interpretado por el Grupo Comunista Leninista como un intento de las fracciones burguesas de reorganizar la estructura económica frente a las contradicciones del desarrollo capitalista en Brasil.
Las ideas de la Oposición de Izquierda Internacional en 1930 se inscriben en el desarrollo del marxismo latinoamericano. La incorporación de las elaboraciones de León Trotsky proporcionó un marco teórico para analizar fenómenos específicos de las formaciones semicoloniales. Este proceso no se limitó a una réplica de modelos externos, sino a la aplicación de conceptos que relacionaban las tareas democráticas y la emancipación nacional con las socialistas en una dinámica revolucionaria propia.

El grupo liderado por Pedrosa adoptó el nombre de Liga Comunista de Brasil (LCB), permaneciendo en la Internacional Comunista (Comintern) hasta 1933 y enfocándose en la actividad obrera y la oposición al integralismo. Según el historiador brasileño Dainis Karepovs, la Liga, al operar como una fracción interna, generó una capacidad de atracción que facilitó la fusión con sectores que cuestionaban las políticas del liderazgo oficial. Estos incluían a cuadros del movimiento obrero y estudiantil como Mirno Tibor, Arnaldo Tommasini y los hermanos Lelia y Fúlvio Abramo, quienes contribuyeron a la Liga como una entidad activa en el ámbito teórico y político. El historiador argentino Hernán Camarero ha observado el peso de la oposición en Brasil en esos años, al consolidarse como una tendencia que señalaba el curso burocrático de la dirección oficial. Camarero indicó que:
El grupo de Pedrosa, Xavier y Coutinho pudo haber significado una alternativa de relevo a la dirección del PCB de Astrojildo Pereira y Octávio Brandão.
En el ámbito ideológico, la Liga fundó la editorial Unitas en 1932, para publicar obras de autores marxistas clásicos y las primeras ediciones de León Trotsky en portugués, traducidas y prologadas por Pedrosa.
El Frente Único Antifascista y Rupturas Políticas
En el contexto del ascenso del fascismo en Europa, en Brasil se desarrolló la Ação Integralista Brasileira de Plínio Salgado, un movimiento que compartía fundamentos ideológicos y métodos con el fascismo europeo, caracterizado por una militancia uniformada. Mário Pedrosa, como dirigente de la Liga, propuso la formación de un frente único obrero contra el fascismo local. Esta iniciativa incluyó el lanzamiento del periódico antifascista O Homem Livre (1933 y 1934). En sus publicaciones, Pedrosa debatía las posturas de la socialdemocracia y el PC alemán, quienes anticipaban que el impacto de la crisis económica llevaría a la caída de Hitler. Pedrosa sostenía que dicha expectativa inmovilizaba al proletariado en su capacidad de reorganización frente al fascismo. El frente único se constituyó en junio de 1933 en San Pablo, integrando a organizaciones socialistas, anarquistas y sectores comunistas. Estas fuerzas se enfrentaron a las milicias integralistas, particularmente en la batalla de la Praça da Sé, un evento que modificó la percepción de la capacidad de acción de las fuerzas antifascistas. Durante este enfrentamiento, Mário Pedrosa resultó herido de bala.
La falta de resistencia efectiva por parte del PC alemán y la Internacional Comunista ante el ascenso de Hitler en 1933 llevó a la Oposición de Izquierda a reevaluar su estrategia de reformar los partidos oficiales. Trotsky propuso entonces la construcción de nuevas organizaciones revolucionarias y la fundación de la Cuarta Internacional. El investigador Dainis Karepovs resalta que la Liga Comunista Internacional, a través de su experiencia en el Frente Único Antifascista (FUA), percibió un cambio en su rol de mero grupo de propaganda a una fuerza con capacidad de intervención política. En octubre de 1933, durante su Segunda Conferencia Nacional, la Liga Comunista de Brasil formalizó este cambio, modificando su nombre a Liga Comunista Internacionalista (LCI). La editorial asociada a Mário Pedrosa publicó Revolución y contrarrevolución en Alemania de León Trotsky, en portugués, un texto que ofrecía un análisis del contexto europeo y articulaba las ideas programáticas de la nueva organización con el pensamiento de Trotsky.
Simultáneamente, el PC brasileño promovió la Alianza Nacional Libertadora (ANL), buscando un frente democrático con sectores de la burguesía y pequeña burguesía. Sin embargo, el levantamiento de la ANL en 1935, que instaba al derrocamiento de Getúlio Vargas y la toma del poder, liderado por Prestes, fue utilizado como justificación para medidas represivas por parte de Vargas. Esta situación fue comparada por algunos con la política de la IC estalinizada frente al Kuomintang en China. En las páginas de A Luta de Classe, los trotskistas escribían:
Contra la utopía de la Alianza Nacional Libertadora claman los miles de obreros muertos en Shangai y Cantón, claman los obreros lanzados vivos en los hornos en llamas.
Pedrosa consideraba que la Alianza Nacional Libertadora implicaba la subordinación del proletariado a los líderes de la pequeña burguesía. En A Luta de Classe de abril de 1935, se argumentaba:
Si el proletariado sigue a los líderes pequeño-burgueses de la Alianza Nacional Libertadora, si el proletariado no lucha por sus propios objetivos, la destrucción del régimen capitalista, harán el juego a la burguesía, corriendo atrás de un fracaso seguro.
Estos eventos derivaron en una ruptura en la LCI, con un sector liderado por Aristides Lobo manteniendo el nombre de la Liga. El sector de Pedrosa se fusionó en 1937 con la Oposição Clasista, una facción disidente del PCB que compartía las críticas al levantamiento de la ANL, formando el Partido Operário Leninista (POL). Ante la política represiva del Estado Novo de Getúlio Vargas y la persecución política, Pedrosa se exilió en Francia.
En Francia, Pedrosa tomó conocimiento de una escisión en el PCB de San Pablo, liderada por Herminio Sacchetta y Heitor Ferreira Lima, miembros de su Buró Político. Esta escisión cuestionaba aspectos fundamentales de la doctrina oficial, como el papel de la burguesía nacional y la política de los Frentes Populares. Pedrosa interpretó este episodio como una situación significativa, reflejando una amplia insurrección contra la dirección burocrática. Para Pedrosa, esta división no era un incidente aislado, sino una manifestación de la crisis internacional. Según Karepovs, el contexto brasileño era particular, al no contar con corrientes centristas europeas como el POUM español. El POL se fusionó con el grupo de Sacchetta, dando origen al Partido Socialista Revolucionario.

Distanciamiento de la IV Internacional y Últimos Años
Una vez en Francia, Mário Pedrosa trabajó con Rudolph Klement en París en la preparación del Congreso de fundación de la Cuarta Internacional. Pedrosa fue el delegado de las secciones latinoamericanas y miembro de su Comité Ejecutivo, que luego se trasladó a Nueva York. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, surgieron divergencias programáticas dentro de la IV Internacional, exacerbadas por la firma del pacto Hitler-Stalin en septiembre de 1939 y la invasión de Finlandia por la Unión Soviética en noviembre.
James Cannon y el Socialist Workers Party (SWP) defendieron lo que llamaron “la defensa incondicional” de la URSS, posición compartida por Trotsky, quien argumentaba que, “independientemente de los motivos o causas de la guerra, defendemos las bases sociales de la URSS, si se ven amenazadas por el imperialismo”. Esta postura dio lugar a debates y a una escisión de una minoría del SWP, liderada por Shachtman, Burnham y Abern, quienes no apoyaban la “defensa incondicional” de la URSS. Pedrosa publicó La defensa de la URSS en la guerra actual, un artículo en el que definía a la URSS como un “Estado libre burocratizado”, y se alineó con los disidentes del SWP. Este posicionamiento generó un intercambio epistolar con Trotsky, quien, en una carta a Max Shachtman el 6 de noviembre de 1939, sostuvo que:
Estos ‘demócratas' actuaron enteramente como ‘bohemios francotiradores'.
Trotsky señaló que el riesgo no residía en la “defensa incondicional” de lo que se consideraba defendible, sino en el apoyo a corrientes políticas que equiparaban a la URSS con los estados fascistas en favor de las democracias. Estas discusiones programáticas y metodológicas fueron significativas en el contexto bélico.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Pedrosa regresó a Brasil, habiéndose alejado del trotskismo. Su trayectoria política posterior incluyó la participación en distintos partidos con el objetivo de establecer un partido socialista independiente. Esta búsqueda se combinó con su trabajo como crítico de arte, ámbito en el que se convirtió en un referente del movimiento moderno en Brasil. El golpe militar de 1964 en Brasil condujo a su procesamiento y acusación de difamación del régimen por sus denuncias de torturas a presos políticos. Se exilió en Chile durante el gobierno de Salvador Allende, y luego, tras el golpe de Estado de Pinochet en 1973, se exilió nuevamente en México y París.
Su regreso a Brasil en 1977 coincidió con cambios políticos y sociales. Observó el desarrollo de las huelgas del ABC paulista entre 1978 y 1980, en las que identificó una fuerza histórica significativa. Esta observación influyó en sus últimas decisiones políticas antes de su fallecimiento en 1981: envió a Lula la Carta a um líder operário, escribió sobre la nueva organización en Sobre o PT, desde una perspectiva luxemburguista, y se afilió al Partido dos Trabalhadores (PT). Las corrientes trotskistas posteriores que también participaron en la fundación del PT reconocieron su liderazgo en los inicios del trotskismo en el país. Sin embargo, estas corrientes no siempre adoptaron una interpretación leninista del laborismo, y en el contexto del recién fundado PT, su acción se vinculó a la política de Lula.

El establecimiento del trotskismo brasileño, en el cual Mário Pedrosa jugó un papel, representa un segmento de la historia política del país. Su crítica a la concepción etapista del PCB, su análisis del capitalismo brasileño desde la perspectiva de la Revolución Permanente, y su participación en la fundación de la IV Internacional son elementos de una trayectoria intelectual y política.
