Retiro de organizaciones humanitarias en Ceuta por incidentes de seguridad
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Organizaciones humanitarias que operan en Ceuta han comenzado a retirar parte de su personal y a suspender actividades de asistencia a personas migrantes, citando un deterioro de las condiciones de seguridad y un incremento de incidentes violentos en la ciudad autónoma. Este desarrollo ocurre casi un mes después de un aumento en las entradas de migrantes desde Marruecos.
Chadi Boukhari, coordinador del grupo Border Resistance, que ha brindado asistencia en Ceuta desde principios de agosto, ha comunicado el repliegue definitivo de su equipo de voluntarias. La decisión se fundamenta en el incremento de la inseguridad.
Ya no podemos trabajar más.
Boukhari explicó que parte de su personal ya ha regresado a la Península. El coordinador denunció amenazas y episodios violentos dirigidos contra activistas y colaboradores. Border Resistance prepara la publicación de un informe que incluirá material audiovisual y testimonios recopilados durante el último mes.
La seguridad de las personas es lo primero.
Podemos resistir con autoridades, con militares, con todo, pero con grupos fascistas no podemos.
Incidentes de seguridad y respuesta comunitaria
La intensificación de incidentes violentos ha sido notable, según los reportes. El pasado jueves, varias decenas de personas impidieron durante más de dos horas el acceso de un vehículo de la Cruz Roja a la playa del Trampolín, un punto donde se distribuyen alimentos. Los manifestantes profirieron consignas como “la Cruz Roja es una mafia”. Posteriormente, los individuos se dirigieron a asentamientos informales de migrantes en la playa de Benítez, donde se registraron destrozos e incendios de pertenencias y estructuras de refugio.
La jornada previa estuvo marcada por otros sucesos. Doce migrantes marroquíes fueron detenidos después de que un grupo de entre 30 y 40 personas lanzara piedras a un vehículo militar en Benzú, provocando heridas a cuatro militares, conforme a fuentes policiales. La evolución de las protestas y los actos violentos dirigidos contra personas migrantes y el personal humanitario ha generado preocupación entre organizaciones sociales y sectores de la ciudadanía ceutí. La asistencia humanitaria ha sido objeto de ataques, lo que ha llevado a algunas entidades a replegarse y cesar la provisión de ayuda.
La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo ha emitido un comunicado expresando su “profunda preocupación” por la dinámica de violencia y ha solicitado una acción gubernamental coordinada para proteger tanto a personas migrantes y refugiadas como al personal humanitario. Amnistía Internacional ha reportado recibir información sobre amenazas al personal de Cruz Roja y otras organizaciones, así como impedimentos en la distribución de recursos básicos. La organización exige que los proveedores de ayuda puedan realizar su labor de manera segura.
Desde la Asociación Elín, que mantiene su trabajo en el terreno, se ha señalado que la situación presenta dificultades crecientes. Trabajadores y voluntarios de la organización han reportado ser increpados en la vía pública en presencia de migrantes, si bien enfatizan que las situaciones más críticas han sido experimentadas por las personas migrantes durante semanas. Casi un mes después de las entradas masivas, Elín indica que numerosas personas, incluyendo niños, adolescentes, mujeres y miembros del colectivo LGTBIQ+, continúan viviendo en la calle, en los montes o distribuidos en zonas como la playa del Trampolín, sin acceso a alojamientos seguros.
Los recursos de los que dispone la ciudad son insuficientes y las respuestas gubernamentales están llegando tarde y con una implementación muy lenta.
La asociación observa “con mucha preocupación” un incremento de la violencia, desde intentos de obstaculizar el reparto de comida y agua hasta la quema de tiendas de campaña, refugios y agresiones físicas. Elín argumenta que la situación no puede explicarse únicamente por el desgaste de una parte de la sociedad ceutí. La organización atribuye a ciertos grupos políticos la promoción de discursos que, según sostiene, “deshumanizan y criminalizan” a las personas migrantes, lo cual, junto a la percepción de falta de respuestas institucionales, habría contribuido a intensificar la tensión.
Ahora urgen respuestas, con la violencia no las encontraremos.
Nos preocupa que esta violencia siga creciendo y explote, y que tengamos que lamentar consecuencias aún más graves que las que estamos ya viviendo estos días.
Elín insta a la apertura de nuevos centros y a la aceleración de los traslados de menores registrados y adultos que llegaron antes del 30 de julio.
Reacciones y preocupaciones de la comunidad local
La inquietud ante una posible escalada de la violencia se extiende más allá de las organizaciones humanitarias, alcanzando a la población residente de Ceuta. Una vecina de la comunidad musulmana, quien prefiere mantener el anonimato por motivos de seguridad, ha compartido que las personas migrantes con las que mantiene contacto expresan:
Mucho miedo.
Tienen claro que por mucho que les peguen, maltraten o amenacen no van a rendirse.
La preocupación de esta residente también abarca la cohesión social en la ciudad. Ha expresado:
Nos preocupa especialmente nuestra seguridad, nuestra estabilidad, que ya no la tenemos. El mañana, qué pasará.
A su juicio, grupos de extrema derecha estarían aprovechando la crisis migratoria para difundir el rechazo hacia el islam y la comunidad musulmana ceutí. La vecina anónima ha declarado:
La extrema derecha está rompiendo nuestra convivencia y eso puede traer muy malas consecuencias.
Estamos los que intentamos llamar a la calma, pero ¿hasta cuándo?
Abdellah Mustafa, presidente vecinal de Sidi Embarek, comparte la preocupación por la situación, distinguiendo entre el agotamiento de una parte de la ciudadanía y quienes buscan instrumentalizarlo. Según Mustafa, ciertos grupos se presentan en manifestaciones vecinales para “retroalimentar ese discurso del odio”. Considera que la lentitud en la gestión de la situación de menores y adultos migrantes ha creado un “caldo de cultivo perfecto” para la difusión de dichos mensajes.
Mustafa ha reportado haber recibido numerosos testimonios de ciudadanos musulmanes ceutíes que han sido objeto de insultos y hostigamiento en los últimos días. No obstante, ha enfatizado que la mayoría de la población de Ceuta, tanto cristiana como musulmana, no comparte estos discursos y reconoce la compleja realidad social de la ciudad. Abdellah Mustafa ya había expresado previamente su preocupación por la posible derivación de la situación:
Temo que, si continúa esta escalada, las agresiones terminen provocando una reacción y enfrentamientos entre distintos grupos. Por eso intentamos rebajar la tensión. Confío en que los próximos días permitan recuperar cierta calma, pero, si no ocurre, las consecuencias pueden ser mucho más graves.
