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Política•Redacción El Irónico•4 de octubre de 2026
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Publican reseña de libro sobre el trotskismo y la represión estatal en Argentina

Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)

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Publican reseña de libro sobre el trotskismo y la represión estatal en Argentina
El Irónico AI Engine: Este artículo ha sido reformulado. Se removió el sensacionalismo político y el framing partidario de la fuente original, ofreciendo una lectura estructurada de alta legibilidad.

Una reseña de Daniel Campione, publicada en Huellas del Sur el 2 de octubre de 2026, aborda el libro "Mi padre, la revolución y la Triple A" de Andrea Robles, editado por Ediciones IPS. La obra examina la trayectoria de la izquierda "no armada" en Argentina, particularmente la corriente trotskista, ofreciendo una perspectiva sobre organizaciones que optaron por vías diferentes a la lucha guerrillera.

Trayectoria Política y Contexto Histórico

El libro de Andrea Robles se inscribe en el marco del itinerario de la izquierda argentina entre la segunda mitad de la década de 1950 y la primera mitad de la de 1970, un período que observó el desarrollo de movimientos de masas. La obra describe la respuesta de las clases dominantes frente a estos movimientos.

La autora profundiza en la historia nacional al narrar la militancia de su padre en una corriente política trotskista, detallando las formas adoptadas por el partido y las ideas que sostuvo a lo largo de las décadas. Este análisis se enmarca en un contexto de enfrentamientos entre el movimiento de masas y las acciones represivas de las clases dominantes.

Algunos estudiosos han abordado esta etapa como una "generalización de la violencia", interpretando el factor violento como un fenómeno independiente de los antagonismos sociales de base objetiva, una percepción que algunos han caracterizado como una "locura colectiva" o como resultado de "ideologías diferenciadas y opuestas". El libro de Robles, sin embargo, plantea una perspectiva diferente, señalando que el período se distinguió por una reacción social de las clases dominantes, especialmente del capital concentrado, tanto local como extranjero, quienes utilizaron el aparato estatal para implementar políticas represivas.

Estrategias Políticas y Represión Estatal

La obra documenta una etapa de las luchas de la corriente "morenista" del trotskismo, marcada por el "entrismo" en el peronismo durante el período de la resistencia. Esta táctica se concibió como un método para impulsar la radicalización desde dentro y para atraer militantes del campo peronista hacia una tradición revolucionaria, sin perjuicio de una inserción táctica en sus filas.

Esta política fue posteriormente abandonada en medio de la burocratización y la pasivización de sectores del movimiento obrero. No obstante, se destaca la relevancia de movimientos de resistencia como la movilización en defensa del frigorífico "Lisandro de la Torre". El estudio también recoge una autocrítica del núcleo "morenista" respecto a esta estrategia.

El trotskismo de esta tendencia, en el que militó César Robles, es el actor político central del libro, desde el POR y Palabra Obrera hasta el PRT unido, "La Verdad" (tras una escisión), y finalmente el PST, conformado en 1971 por la unificación del PRT "La Verdad" con un sector del Partido Socialista. La obra recorre el acercamiento entre Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), liderado por Mario Roberto Santucho, así como el combate contra la burocracia sindical y los debates internos de la izquierda sobre la lucha armada frente a la apuesta por el movimiento de masas.

El libro contextualiza estos debates con eventos internacionales como la Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam y la guerrilla de Hugo Blanco en Perú. El movimiento obrero clasista en Argentina, particularmente en Córdoba, representó un momento de elevada actividad en las luchas sociales, que incluyó importantes movimientos huelguísticos y rebeliones obreras y populares.

En febrero de 1974, la provincia de Córdoba experimentó el "Navarrazo", una intervención policial en la que los mandatarios provinciales peronistas no lograron evitar el desplazamiento de sus puestos.

El PST no priorizó la vía electoral, pero a la vez enfrentó posturas que rechazaban toda participación en los comicios. El texto señala la postura del PST:

La definición central era que la participación electoral estuviera subordinada a una estrategia de independencia política de la clase trabajadora. Votar no debía implicar diluirse en variantes burguesas ni convalidar una salida pactada sino utilizar la tribuna electoral para fortalecer una alternativa propia.

En el texto se exponen críticas hacia las denominadas "sectas ultraizquierdistas", incluyendo al Partido Comunista Revolucionario, Vanguardia Comunista, PRT-ERP y el peronismo de base. La reseña, sin embargo, sugiere que sería preferible introducir matices en esa caracterización, señalando que "Esas fuerzas tuvieron incidencia sobre todo en el movimiento obrero y estudiantil y jugaron un papel en esos momentos álgidos de las luchas."

1973 se describe como un año en el que el sector más radicalizado del movimiento obrero y popular comenzó a confrontar con lo que el texto denomina el "partido del orden", bajo el liderazgo de Juan Domingo Perón, quien, según la obra, buscaba reencauzar a los sectores más radicalizados de su movimiento. La masacre de Ezeiza se cita como un ejemplo temprano de esta confrontación.

El PST presentó candidatos en las elecciones presidenciales de 1973, obteniendo bajas cifras de votación. El partido mantuvo una política de participación, considerando la atención popular que generaban esos comicios, aunque el texto argumenta que fueron concebidos "desde arriba como un canal para el desvío del significativo desarrollo de luchas populares y levantamientos que venían en curso."

Se reconoce la dificultad de disputar la conciencia de la clase obrera con el peronismo, dada la arraigada percepción del General como líder de los trabajadores después de años de proscripción y golpes. Sin embargo, se agudizó la disputa por las relaciones de clase en los lugares de trabajo, proyectando las expectativas del triunfo peronista sobre las relaciones laborales:

...ello se expresaba en disputas por los ritmos de producción, las categorías, las condiciones laborales y otras reivindicaciones cotidianas, mientras que en el plano sindical impulsó la democratización de las organizaciones obreras….

La autora incluye entrevistas a militantes de la época, como Aldo Casas, Antonio Páez, Orlando Mattolini, Nora Ciapponi y Manuel Martínez, quienes aportan perspectivas reflexivas sobre el período. Estas entrevistas, junto con el análisis de órganos de prensa y bibliografía existente, constituyen un componente relevante del libro.

El Despliegue de la Represión Paraestatal y Estatal

El recorrido histórico, desde el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955 y los fusilamientos de un año después, hasta la masificación de las detenciones-desapariciones en la década de 1970, es interpretado por la obra como parte de una lógica de la clase dominante, caracterizada por acciones represivas ante situaciones percibidas como amenazantes. Estas acciones fueron ejercidas en favor de una minoría privilegiada, mediante dictaduras abiertas o gobiernos civiles con proscripciones.

La obra señala que el gobierno de María Estela Martínez de Perón no fue un mero precedente del exterminio posterior, sino que marcó su inicio, primero a través de la Triple A (AAA) y otras organizaciones paraestatales, y a partir de 1975 con el involucramiento de las fuerzas armadas en Tucumán y luego de forma generalizada.

Respecto a la Triple A, la investigación destaca que su concepción no fue ajena al gobierno de Juan Domingo Perón, quien es presentado en la obra como guardián del orden, con la intención de eliminar a la "subversión" dentro y fuera del movimiento peronista, empleando todos los medios necesarios. El libro evita la exculpación del líder, identificando el asesinato de José Ignacio Rucci en septiembre de 1973 como un punto de inicio para el lanzamiento de una organización subterránea con respaldo estatal.

La segunda parte del libro se enfoca en la AAA, describiendo su composición de activistas de extrema derecha, policías y mercenarios. Sus "cuarteles" se ubicaban en el Ministerio de Bienestar Social, entonces a cargo de José López Rega, y operaban con "zonas liberadas", incluyendo el centro de Buenos Aires. El texto menciona a figuras como Rodolfo Ortega Peña, Hipólito Solari Yrigoyen y Silvio Frondizi para ilustrar la acción temprana contra abogados e intelectuales. En Córdoba, dirigentes sindicales como Atilio López también fueron afectados.

La respuesta desde el poder incluyó el desplazamiento progresivo de la izquierda peronista de cargos gubernamentales y directrices partidarias. La persecución de este sector se intensificó, utilizando métodos que contravenían principios de legalidad con el objetivo de destruirlos por todos los medios. La policía federal fue una herramienta principal, bajo el mando de comisarios con experiencia en acciones represivas, como Alberto Villar (jefe de policía tras colaborar con la AAA) y Luis Margaride (procedente de la dictadura de 1966 y partícipe en el comando operativo de la AAA).

El asesinato y el secuestro se convirtieron en métodos de eliminación. Poco después, se introdujo el método de la detención-desaparición, aplicado en la lucha contra la guerrilla en Tucumán y contra núcleos de militancia obrera o sindical en otras regiones del país. Los primeros pasos de la política de exterminio se habrían dado antes del golpe de marzo de 1976.

Reflexiones Históricas y el Legado de la Militancia

La investigación se inspira en una época de fuertes contrastes, analizada a la luz de las trayectorias militantes, en particular aquellas que, como la de César Robles y sus compañeros, se desarrollaron al margen de la "corriente principal" de la izquierda, hegemonizada en ese momento por la "tendencia revolucionaria" del peronismo. Estos militantes enfrentaron represalias laborales, persecuciones y detenciones, aunque cultivaban tácticas que no se reducían a la clandestinidad.

A cinco décadas de distancia, los eventos abordados en esta investigación continúan siendo objeto de debate. El texto propone que el recordatorio de las personas desaparecidas, como César Robles, se relaciona con el sostenimiento y renovación de sus ideales, sin compromisos o concesiones. Se destaca la necesidad de un ejercicio cabal de la memoria, junto con la reflexión para comprender y reescribir la historia.

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