Conmemoración de los 50 años de 'La Noche de los Lápices': El testimonio de Marta Ungaro
Fuente original: La Izquierda Diario (extraído automáticamente vía RSS)
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Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro, compartió reflexiones sobre el secuestro y desaparición de su hermano, ocurrido el 16 de septiembre de 1976, en el marco de la operación conocida como “La noche de los lápices”. A 50 años de este evento, Ungaro aborda los contextos históricos, la búsqueda de responsables, el papel de la Iglesia y la persistencia de la demanda por memoria, verdad y justicia en Argentina.
Contexto Histórico y Detalles de la Operación de 1976
El secuestro y desaparición de Horacio Ungaro se enmarcó en un período de intensa actividad represiva durante la última dictadura cívico-militar en Argentina. Marta Ungaro describió el contexto previo al 16 de septiembre de 1976, mencionando el asesinato de Patulo Rabe, militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y referente estudiantil, ocurrido el 24 de diciembre de 1975.
Asimismo, en 1975, Mirta Aguilar, responsable con quien Horacio Ungaro militaba en una villa de emergencia del barrio Hipódromo, fue asesinada poco después de finalizar sus estudios de abogacía. Tras este suceso, Horacio escribió en la pared de su dormitorio una frase que su familia aún conserva:
Vive tu vida, hermano mío, pero también vive la mía.
En la madrugada de su secuestro, Horacio Ungaro se preparaba para asistir a la escuela. Ungaro relató la irrupción en su hogar, donde su hermano, previamente, había manifestado cautela sobre el material de lectura que poseía:
Estos libros, un manual de filosofía y “El diario del Che”, fueron lanzados por la ventana desde un quinto piso momentos antes de su captura, y su hermana los conserva hasta hoy.A mí nunca me van a agarrar con estos libros.
La búsqueda de Horacio Ungaro encontró obstáculos iniciales. Según Marta Ungaro, la familia no pudo conseguir que ningún abogado redactara un recurso de hábeas corpus. Esta situación se atribuyó al ambiente de temor prevaleciente, exacerbado por el asesinato de Sergio Karakachoff, un militante radical y abogado, junto a su socio Domingo “Mingo” Teruggi, ocurrido el 11 de septiembre, cuatro días antes del secuestro de Horacio. Ante la falta de asistencia legal, el padre de Horacio, ingeniero y físico, redactó el hábeas corpus.
Posteriormente, la familia Ungaro estableció contacto con la familia Falcone y con López Montaner, iniciando acciones conjuntas de averiguación. Quince días después del secuestro de Horacio, su hermana Nora fue también secuestrada de la casa de Daniel Rasero, quien se había quedado a dormir en el domicilio de los Ungaro y, hasta la fecha, permanece desaparecido.
La Búsqueda de la Verdad y la Identificación de Responsables
Marta Ungaro describió su participación en las primeras movilizaciones de las Madres de Plaza de Mayo. Recordó un evento en noviembre de 1977, en el que el Secretario de Estado norteamericano, Cyrus Vance, visitó Argentina. Ungaro mencionó que en esa ocasión, las madres distribuyeron pañales como distintivo en la Plaza de Mayo, un símbolo que luego evolucionaría hacia el uso de los pañuelos.
La identificación de responsables del secuestro de su hermano fue posible gracias a los testimonios de sobrevivientes. En 1995, Marta Ungaro localizó a Néstor Beroch, señalado como integrante de un grupo de tareas de la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) y con participación en el secuestro de Horacio Ungaro. Beroch era profesor en escuelas de la ciudad de La Plata. A pesar de haber sido denunciado y apartado de su cargo, no fue procesado.
En 1998, se iniciaron los “Juicios por la verdad”. Ungaro destacó la importancia de estos juicios para la recopilación de testimonios de familiares y de personas que no habían declarado debido a las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y los Indultos. No obstante, estos juicios no eran punitivos. El circuito Camps no se había abierto, y no se estableció el destino final de los desaparecidos.
Entre 2002 y 2003, Ungaro encontró a Juan Miguel Wolk, quien había simulado su fallecimiento durante 25 años. Wolk fue identificado como responsable del centro clandestino Pozo de Banfield. A pesar de una primera fuga, fue detenido y llevado a juicio, el cual se realizó de forma virtual. Wolk falleció en su domicilio, según Ungaro, sin proporcionar información sobre los niños nacidos en cautiverio. La entrevistada destacó el apoyo de hijos y periodistas de Mar del Plata en la localización de Wolk, quien figuraba con una dirección en Morón pero residía en Mar del Plata. Ungaro reiteró la demanda por el paradero de niños nacidos en el Pozo de Banfield, como el hijo de Gabriela Carriquiriborde y la hermana de Clarita Petracos, así como por el destino de otros desaparecidos.
Demanda de Apertura de Archivos y Reflexiones sobre la Justicia
En relación con el papel de la Iglesia en Argentina, Ungaro sostuvo que ha habido una complicidad histórica con los golpes de Estado. En la ciudad de La Plata, mencionó el caso de Monseñor Plaza, a quien se le atribuye haber entregado a su propio sobrino. Señaló la cercanía de la Comisaría Quinta con la catedral y el seminario mayor, donde se llevaba comida a los detenidos-desaparecidos y donde, según sus afirmaciones, hubo partos y nacimientos. Con excepciones como la de Angelelli, quien fue asesinado, y algunos otros casos, Ungaro consideró que la mayoría de la Iglesia fue funcional a la dictadura y a gobiernos represivos.
Incluso, el entonces Bergoglio, antes de ser Papa, fue entrevistado por las Abuelas de Plaza de Mayo en relación con familiares que tuvieron hijos en cautiverio, según la entrevistada.
Respecto a la existencia de los archivos de la dictadura, una demanda recurrente del movimiento de derechos humanos, Ungaro afirmó su existencia, citando un documento desclasificado de Estados Unidos de 1979 que reconocía 23.000 detenidos desaparecidos en Argentina. Ungaro señaló que, a pesar del continuo pedido, los diferentes gobiernos no han procedido a la apertura de dichos archivos. Mencionó que hay testimonios de la existencia de archivos guardados, como el de un hijo de Sainz, quien indicó que los revelaría tras el fallecimiento de los genocidas. Ungaro afirmó que el Estado no ha dado respuestas sobre el paradero de estos archivos.
Sobre la consigna “Memoria, verdad y justicia”, Ungaro reflexionó:
En el contexto actual, marcado por lo que describe como negacionismo y la pérdida de derechos, Ungaro enfatizó la necesidad de unir las diversas movilizaciones sociales, como las del hospital Garrahan, las universidades, los colectivos de personas con discapacidad, los ministerios, la educación, FATE y Ushuaia. Hizo un llamado a la participación en una movilización anunciada para el sábado 19 de septiembre, a la que denominó “Marcha de la bronca”, con el fin de manifestarse contra lo que describe como un gobierno negacionista y entreguista.Si no hay castigo, la historia vuelve a repetirse.
Para Marta Ungaro, su hermano Horacio y los demás desaparecidos “quedaron eternamente jóvenes, luchando por un mundo mejor, que todavía no tenemos, mostrando el camino”. Concluyó su testimonio afirmando que la responsabilidad de continuar la historia recae en las nuevas generaciones:
Los lápices ahora lo tienen ustedes; a seguir escribiendo la historia.
Ungaro, que rehízo su vida, tuvo tres hijos, uno de ellos llamado Horacio, quien a su vez nombró a su hijo también Horacio. La familia, según Ungaro, mantiene viva la memoria y la búsqueda de justicia.
